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Enterrados en vida en la checa de la Stasi

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46 AÑOS DE LA CONSTRUCCIÓN DEL MURO DE BERLÍN
Enterrados en vida en la checa de la Stasi
Por Cristina Losada – Libertad Digital

El Muro de Berlín comenzó a levantarse el 13 de agosto de 1961 y desde ese día hasta su desmoronamiento en noviembre de 1989, marcó tanto simbólica como físicamente la frontera entre dos mundos: el del capitalismo y el del socialismo; el de la libertad y el de su ausencia. Pero la gruesa tapia que dividía el suelo berlinés no fue el único dique que el socialismo comunista erigió para blindarse. En todos los países que dominaría existían otros muros detrás de los cuales recluía, torturaba y esclavizaba a centenares de miles de infortunados.

Sin la persecución política y un aparato policial gigantesco, esos regímenes no hubieran podido sobrevivir. Uno de los enclaves de la maquinaria represiva comunista que pueden ser visitados hoy bajo la guía experta de antiguas víctimas, se encuentra precisamente en la capital alemana. Es el Memorial Hohenschönhausen, antes checa central de la Stasi, la policía secreta de Alemania del Este.

En el edificio de Hohenschönhausen, que había albergado un comedor social creado por los nazis, instalaron los soviéticos, tras la conquista de Berlín en 1945, un centro de detención de su policía política. Con la creación de la República Democrática Alemana en 1951, se le traspasaron a aquella el local y sus funciones. Ya incluía entonces un sótano con celdas bunkerizadas, conocido como el U-Boot, es decir, el submarino. El centro estaba herméticamente aislado del exterior, fuertemente vigilado y provisto de garitas y cámaras. En los mapas elaborados en la RDA, el área que ocupaba esa prisión especial se presentaba como un solar vacío. Oficialmente, no existía. Sobre estas y otras dependencias de similar corte que había en la Alemania oriental, reinaría entre el 57 y el 89 un mismo individuo: el ministro para la Seguridad del Estado, Erick Mielke, un hombre que se jactaba de ser chequista y discípulo de Beria. Y que, para desgracia de sus víctimas, lo demostraría.

Se calcula que por las celdas de Hohenschönhausen pasaron, en treinta y ocho años, unas 20.000 personas. En total, la RDA encarcelaría por motivos políticos a 200.000 o 250.000 personas. Desde los años sesenta, los gobiernos de Alemania occidental comprarían, por un monto de 2.500 millones de marcos, la libertad de unas 35.000 de ellas. La persecución política fue así también un negocio lucrativo para los comunistas. Pero no hasta el punto de compensar los enormes costes de un sistema de control y vigilancia de la población que poco tenía que envidiar al que había imaginado Orwell en 1984. Como observa Hubertus Knabe, director del Memorial, en un libro del que es editor, Gefangen in Hohenschönhausen, la sangría de fondos que debían dedicarse a mantener el aparato policial, influyó sin duda alguna en el colapso económico de la RDA.

Unas cuantas cifras más darán una idea aproximada de la magnitud del Gran Hermano que vigilaba especialmente a los ossies, aunque no sólo a ellos, ya que sus operaciones se extendían más allá de las fronteras de la RDA. A la caída del Muro, la Stasi contaba con 91.000 funcionarios y unos 280.000 colaboradores, dato que conviene comparar con los 15.000 efectivos de que disponía en esa misma fecha la RFA en los servicios secretos. La Gestapo, por su lado, tuvo 7.000 miembros. Solamente en Berlín oriental se controlaban 20.000 teléfonos y en toda la RDA se inspeccionaban cada día unas 90.000 cartas.

En 1989, el Ministerio de Seguridad recibió más de cuatro mil millones de marcos de las arcas del Estado; más de la mitad eran costes de personal, un personal que se había ido duplicando cada diez años. Y que, después de la reunificación, prácticamente no tuvo que rendir cuentas ni pagar por sus actos. Es más, tal y como lamentan algunas de sus víctimas, los antiguos miembros de la Stasi han podido cobrar pensiones elevadas del Estado alemán.

Armado con esa tupida red de escuchas, controles, espías y chivatos, el Estado comunista se dedicaba a la caza. En primer lugar, del oponente y del crítico, incluido el comunista crítico, y del 61 en adelante de todo el que intentara huir del “paraíso” amurallado. Pero en aquella red podía caer cualquiera y en ello residía justamente la eficacia amedrentadora del sistema, en que para él no había inocentes. Algunas de las víctimas de la Stasi que narran sus experiencias en Höhenschönhausen, recuerdan su estupor inicial tras la detención. No tenían ni idea de qué delito podían haber cometido. Muchos descubrieron que sus delitos eran tan estrafalarios como múltiples y cambiantes.

Este fue el caso de Kurt Müller, comunista desde 1930 y prisionero de varios campos de concentración nazis, el cual, siendo vicepresidente del Partido Comunista en Alemania occidental y diputado del Bundestag, fue detenido por la Stasi –que no respetó nunca la inmunidad parlamentaria– en 1950. A Müller se le acusó inicialmente de preparar atentados terroristas contra Stalin, pero llegó la prohibición de mencionar el nombre del Líder Supremo y sus acusadores le informaron de que había conspirado contra Molotov y Voroshilov. Se le imputaron contactos directos con Trotski y después, con el hijo de éste. Para redondear, se le acusó de ser espía de los británicos y los americanos.

Todas esas fabricaciones se sustentaban en testimonios y documentos cuya prolijidad hacía aún más evidente que no eran auténticos. Así, una supuesta carta de un dirigente del SPD a Willy Brandt en la que contaba una reunión en la que Müller había aceptado trabajar para los ingleses indicaba la hora y el sitio en que habían recogido al comunista en coche, la cantidad de dinero ofertada, el hecho de que el firmante de la misiva había vestido el uniforme inglés y la enorme alegría que sentían todos por la traición del comunista.

Escalofriante también es el testimonio del periodista Kart Wilhelm Fricke, que fue secuestrado por la Stasi en Berlin Occidental en 1955 después de que un contacto suyo le invitara a entrar en su casa y le diera a beber una copa de licor, aliñado con unas gotas que le dejaron inconsciente. Fricke se limitaba a escribir de la persecución política en la RDA. Para ese tipo de secuestros, nada infrecuentes, la Stasi disponía de vehículos equipados con cajones secretos para introducir a la víctima. Wolfgang Kockrow, recluido en el llamado Lager X de Hohenschönhausen, recuerda cómo se camufló uno de esos coches para que pareciera una ambulancia de la Cruz Roja matriculada en Berlín Oeste.

Las torturas fueron una constante en las prácticas de la Stasi. Además de los golpes o la gota malaya, se mantenía a los detenidos de pie durante horas, recluidos en celdas de agua o en otras estrechísimas, y a aquellos que perdían el control, se los encerraba en celdas aisladas con goma. Siempre permanecieron sin contacto alguno entre ellos ni con el exterior, de ahí que algunos se sintieran enterrados en vida. Con el tiempo, fueron adquiriendo predominio las torturas psicológicas y la utilización de medicamentos dispensados por psiquiatras. También se aseguraba a los detenidos que aunque salieran de allí y marcharan a Occidente estarían vigilados y perseguidos, amenaza que se cumpliría en muchos casos. La checa de Hohenschönhausen guardaba además otro horror oculto. A algunos presos se les radiaba con rayos X durante horas, sin protección alguna y sin que lo supieran, mientras les mantenían en la sala donde se hacían las fotos. Se achaca a ese “tratamiento” la muerte por cáncer a edades tempranas de algunos de los que pasaron por ese centro.

Tras recorrer estos y otros testimonios, uno no puede sino suscribir las palabras con que concluye Hubertus Knabe el prólogo al libro citado. Y es que, al contrario de lo que sucede en la película La vida de los otros, de Florian Henckel von Donnersmark, ninguno de los que estuvieron recluidos en Hohenschönhausen topó con miembros de la Stasi que les prestaran algún tipo de ayuda. De modo que los auténticos héroes de esta historia no son los improbables agentes de la Stasi que tuvieran conciencia y escrúpulos, como refleja el film, sino las víctimas de la dictadura.
Un dato para terminar: el Memorial recibió el año pasado unos 170.000 visitantes, más de la mitad de los cuales eran escolares. En Alemania los profesores llevan a sus alumnos tanto a las cárceles de la Gestapo como de la Stasi. Allí, la “memoria histórica” no es hemipléjica.

Escrito por Carlos Simón

13 Agosto 2008 a 0:53

Escrito en Politica, actualidad

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Un carácter libre marcado por su pasado

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Un carácter libre marcado por su pasado

Por ALMUDENA DE CABO TEJERINA (SOITU.ES)
Actualizado 23-02-2008 21:35 CET

BERLÍN.- Todo el mundo ha escuchado u oído algo de Berlin en algún momento de su vida, aunque sólo sea a través de la famosa película ‘La vida de los otros’. Pero por mucho que se haya hablado sobre esta ciudad no se es consciente de toda la historia que emana hasta que se vive en ella.

En primer lugar, para llegar a entender un poco a los alemanes, hay que mirar en su pasado. Aunque ya ha transcurrido bastante tiempo desde la caída del muro y la reunificación de Alemania, ese hecho todavía sigue marcando la vida de los alemanes. La diferencia entre los ‘ossis’ —como se denomina a la gente del Este de Alemania— y los ‘wessis’ —como se denomina a los del oeste— sigue siendo patente aún hoy.

No sólo por la diferencia económica existente entre ambos lados —los sueldos de la parte oriental siguen siendo un 22% de media por debajo de los de la Alemania occidental—, sino también por el carácter y la forma de ver la vida. Parece que desde pequeños les hayan inculcado la idea de “haz y deja hacer”. En parte puede que sea por todo lo que han vivido y toda la represión que tuvieron que aguantar en la DDR (República Democrática Alemana en sus siglas alemanas). No lo sé. El caso es que nadie juzga a nadie por lo que hace o por cómo va vestido. Puedes ir en pijama por la calle que nadie se va a parar a mirarte. Cada uno tiene la libertad de expresarse como quiera y fomentan todo tipo de espacios para que la gente pueda dar rienda suelta a su vena artística. Todo el mundo en Berlín es artista, de una manera u otra, ya sea a través de cuadros o por cómo decoran sus casas —algunas son auténticas obras de arte—.
iStockphoto

Cuantos más berlineses del Este conozco y cuantas más historias de la etapa de la DDR escucho,
más me reafirmo en mi idea de que los alemanes son como son por todo lo que han vivido. El otro día un amigo me contaba cómo él y su madre habían vivido durante un tiempo como refugiados políticos en contenedores prefabricados en un campo de refugiados cuando consiguieron pasar del Este al Oeste de Berlín. Según me contaba sus experiencias con las STASI (policía secreta de la DDR), no podía evitar acordarme de la película ‘La vida de los otros’, aunque la realidad siempre supera a la ficción, claro está.

Él era pequeño entonces, pero se acuerda perfectamente de que en la puerta de su casa siempre había un hombre de la STASI que les seguía allá donde fueran, al igual que los vecinos de encima de su casa, que siempre salían a la vez que ellos e iban a los mismos sitios. Según me explicó, uno de los motivos por los que decidieron irse fue porque sus padres, actores de teatro, no conseguían encontrar trabajo porque habían sido incluidos en la ‘lista negra’ del régimen. Cuando conoces historias como ésta no puedes evitar pensar en lo diferente que ha sido tu infancia, cuya máxima preocupación se basaba en cuándo podrías salir de casa para ir a jugar con tus amigos.

Por eso, si tenéis la suerte de pasear por las calles de Berlín y os fijáis, por ejemplo, en unas columnas majestuosas en un edificio de lo más normal, no olvidéis que Berlín ha sido más de lo que te puedas imaginar. Ha conocido todas las guerras y todas las derrotas. En un lugar así, las paredes hablan, sólo hay que pararse un momento y escucharlas.

Escrito por Carlos Simón

13 Agosto 2008 a 0:42

EL CUARENTON DE HOY:

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EL CUARENTON DE HOY:

Anónimo – tomado de un blog

La generación nacida en los sesenta cumplió, o está por cumplir, cuarenta años. En Cuba, esas cuatro décadas han definido circunstancias muy diferentes a las del resto del mundo para la fuerza técnica calificada. Los cuarentones de hoy se espantan al mirar atrás y recordar con qué promesas comenzaron su vida, y tienen terror de comparar lo que esperaron tener con lo que tienen. Diríase que han sido cuatro décadas en que la opción individual de cientos de miles ha sido una carrera desatinada hacia ninguna parte, azuzados por himnos y consignas que cada vez suenan más cascados, más obsoletos. Cuba, ¿la espera interminable?

Desde la infancia del cuarentón de hoy, cuando vestía su almidonado uniforme de pionero y aprendía a jurar que sería como el Che, todos lo convencieron de que el futuro sería indefectiblemente luminoso. Las estrecheces de los hogares cubanos eran compensadas con la fe en ese futuro mejor. No importaban los apagones, las movilizaciones cañeras, los zapatos plásticos, el gofio como sustento infantil, si el país era una inmensa obra en construcción donde a toda hora sonaban las concreteras y los martillos, y que se iba llenando de escuelas, hospitales y viviendas.

Hechos en serie, es cierto, pero que anticipaban el supuesto bienestar del futuro. No importó tampoco que rusos, búlgaros y checos se metieran en todo y modificaran en un periquete las más criollas tradiciones de trabajo, pues a cambio inundaban el país de petróleo y tractores, camiones y Ladas, pomitos de compota y películas de guerra, chícharos y maquinaria pesada con la que se construiría la industria del futuro. Luego, y a pesar de la hostilidad del imperialismo”, casi todos los cuarentones de hoy fueron llevados por sus padres a aquellas famosas Vueltas a Cuba, donde podían hospedarse en los mejores hoteles del país; mientras los más afortunados daban la vuelta aún más lejos, en las “giras por los países socialistas”, donde el futuro parecía brillar en todo su esplendor. La inocencia de los cuarentones de hoy se fue perdiendo en las becas donde se libraban sórdidas batallas nocturnas y los profesores tenían odaliscas particulares. Era el tiempo de otros sacrificios: inventar un pantalón campana con tela de saco de harina, esconderse para oír la música favorita en emisoras enemigas, sobrevivir con la asquerosa pitanza servida en bandejas de aluminio, la lucha por conservar unos centímetros más de pelo, la primera afeitada con la cuchilla Gillette que le mandaron a alguien, pegada en una postal desde el país enemigo.

Detrás de las cuchillas, un buen día vino “la comunidad”. Hubo que sonreírles a señoras teñidas de rubio, fragantes y sonrosadas, que se asombraban de lo grandes que estaban los muchachos, y regalaban productos de la maldita sociedad de consumo, donde, al parecer, nadie tenía que sacrificarse tanto para asegurarse un futuro luminoso. Pero lo mejor era no pensar en cuestiones metafísicas: llegaba el momento de escoger con qué carrera cada adolescente iba a construir el futuro.

Sonaba la hora de estudiar en la universidad. Los cuarentones de hoy se vieron, de pronto, instalados en Novosibirsk o Vladivostok, en Bakú, Tashkent o Tbilisi, estudiando especialidades con nombres insospechados en el pequeño país caribeño: Física Nuclear, Electrónica aplicada a la computación, SAD-PT y así por el estilo. Predominaban las carreras técnicas, pues todos querían ser ingenieros o científicos para hacer que el futuro llegara más rápido. Mientras, los cuarentones de hoy que se quedaron, invadían también frenéticamente las escuelas de ingeniería y sólo unos pocos, desafiando la oleada tecnicista, hacían unos tímidos estudios sociales. El que no iba a ser médico o ingeniero, tenía el sagrado deber de meterse en el Destacamento Pedagógico, con vocación o sin ella. ¿No era acaso lo que necesitaba la patria? Las nuevas generaciones hervían de entusiasmo, pues con una juventud casi totalmente profesional no habría país que compitiera con éste. Pero cuando los cuarentones de hoy terminaron sus estudios, se encontraron que no había dónde utilizarlos. La mayoría de las especialidades que habían estudiado resultaban completamente inútiles, pues en Cuba aún no se podían aplicar los novedosos conocimientos adquiridos.

Los que venían de tierras distantes regresaron con sus visiones particulares del socialismo -que extrañamente no se parecían mucho entre sí-, pero compartían un status de aristócratas técnicos muy chic. Además, regresaban cargados de símbolos del futuro socialista que hacían sonreír a los que conocían el otro “futuro” (el pasado): muebles, e incluso exóticas mujeres con axilas sin depilar. No obstante, la riqueza soñada nunca pareció más real que cuando el cuarentón de hoy empezó a trabajar en el desatinado sistema empresarial cubano. Muy pocos lograron avanzar en su especialidad: la mayoría era necesaria para dirigir con nuevas estrategias aquellas entidades donde el socialismo había ya materializado su ineficacia
económica. La “política de cuadros” y el Partido acogieron con brazos abiertos la nueva hornada de profesionales, pues la ineficacia, obviamente, se debía a la caterva de jefes veteranos que, dormidos en los cojines de sus medallas militares, no daban pie con bola en la economía política, ni en los planes quinquenales.
Siguiendo el ejemplo de la gran Rusia, había que emprender la “rectificación de errores”. Lo que nadie podía imaginarse era el vuelco total de la historia que empezó con la Perestroika. Ni lo que siguió: la caída del Muro de Berlín arrastrando al bloque del Este. Y por extensión, tampoco nadie previó la onda expansiva que haría tambalearse al país caribeño en ese abismo llamado Período Especial.

Muchos cuarentones de hoy, más o menos situados, emigraron en balsa en 1994, dejando sus Ladas y su carné del Partido; el resto se quedó vegetando y se convirtió en aquella masa famélica que se lanzaba al campo a cambiar las ropas por plátanos y los zapatos por cerdos, pues para entonces ya sus hijos ocupaban el primer puesto indiscutible en el orden de prioridades de la supervivencia. Por primera vez, la fe del cuarentón de hoy se estremeció profundamente. Las promesas en las que siempre creyó debían reconsiderarse. Del enternecedor optimismo que lo alimentaba hasta entonces, cayó en el desconcierto, la incertidumbre y el miedo. Para colmo, la apertura de tiendas en divisas (fuera de su alcance) lo condenaron a una competencia desgarradora con sus contemporáneos por descubrir y explotar algún medio de entrada de dólares, para lo cual sus estudios especializados no le servían de nada. Así, cientos de arquitectos, ingenieros y médicos fueron a servir cócteles y limpiar habitaciones en hoteles para turistas, que encontraron muy distintos de cuando, dichosos, daban la Vuelta a Cuba con sus padres y donde ahora sus propios hijos no podían entrar.

Esa época fue más oscura por la muerte de las ilusiones que por la muerte de la economía. El cubano se acostumbró a la degradación total, aun cuando la crisis se suavizaba lentamente. Los valores éticos tradicionales fueron puestos al revés como un abrigo viejo. No es extraño, entonces, que la voluntad de la nación -salvo honrosas excepciones- se aplanara a un nivel animal, de manipulación absoluta por parte del gobierno.

Y he aquí al cuarentón de hoy, que todavía lleva dentro al pionerito de pañoleta que creía en el futuro luminoso, sin saber qué decir a sus hijos adolescentes que odian la idea de estudiar en la universidad, le piden jeans de 20 dólares y sueñan, sin excepción, con ser camareros o emigrar a Estados Unidos. Su vida es un círculo vicioso de trabajo inútil, colas interminables y malabares con el salario. No puede ni tirar una canita al aire: los romances cada día son más caros. Se desliza hacia los cincuenta sin que ninguno de sus sueños se haga realidad. Se le ponen los dientes largos cuando se entera del éxito de sus contemporáneos que lograron instalarse “afuera”.

A veces, atormentado por el insomnio, se pregunta por qué no tuvo valor para echarse al mar en una balsa y dónde fue a parar el paquete de promesas en que le enseñaron a creer. Quisiera saber para qué sirvió tanto sacrificio, tanta juventud malgastada. Le parece mentira que ya está en el futuro, en aquel futuro que imaginaba tan distinto.

Es muy duro admitir que su cuota de futuros se ha agotado.

Escrito por Carlos Simón

31 Julio 2008 a 18:12

EN CADA CUADRA UN COMITÉ ¡CUIDADO!

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EN CADA CUADRA UN COMITÉ ¡CUIDADO!

2007-09-20.
Iván Curra – CubaData

Cuando el C.D.R. (Comité de la Defensa de la Revolución), fue fundado un 28 de septiembre de 1960, por Fidel Castro Ruz en La Habana, nadie podría imaginar que ésta sería la organización responsable de la mayor cantidad de sufrimiento del pueblo cubano. Una organización “antropófaga”, que devoraba sus propios “hijos”.

Todo cubano mayor de 14 años estaba en la “obligación” de pertenecer al; casos muy contados y valerosos se negaron siempre a pertenecer a este engendro diabólico; el “Comité” como todos lo conocíamos se encargaba de reprimir, vigilar, chivatear a sus propios miembros.

Curiosamente miles y miles de “miembros de los comités” fueron a parar a las disímiles prisiones a lo largo de toda la isla debido a las denuncias de sus propios “colegas”, lo más terrible es que estos presidiarios, una vez cumplidas las condenas, volvían a formar parte del “comité” y así una cadena interminable, una pesadilla sin final.

Los “comités” están encargados de movilizar al pueblo amorfo a las concentraciones en los puntos del país, destinados por la tiranía para sus “actos de masas”. Recogida de “materias primas” que generalmente terminaban en los basureros; organizar patrullas y puntos de vigilancia en las madrugadas cubanas, inmiscuirse dentro de la vida de cada familiar, saber cómo y de qué viven; saber qué tipo de contactos mantienen con el extranjero y cómo se mueve el “negocio” en cada barriada.

Renglón este muy importante en un país que sobrevive del “mercado negro”. En las periódicas reuniones del “comité” se discute y valora la “moral revolucionaria” de cada “miembro”. Se “escuchan” los problemas y
quejas de la ciudadanía, pese a que lo más importante no es resolverlos, sino hacer entender a los perjudicados que el “bloqueo” seguramente impedirá la resolución de los mismos.

Durante muchísimos años los “presidentes de los comités” y los encargados del sector de “vigilancia” eran personas generalmente “fronterizas”, rayanas al retraso mental avanzado. Seres reptantes a los que sólo les importaba las “orientaciones” que venían de “arriba”. Seres que vivían supuestamente felices entre viejos papelees, cartillas sin sentido, desvencijadas oficinas y una “voluntad de hierro” para “comer basura y romper zapatos”.

Como dije, eso fue años atrás, porque después de 1990 más o menos, una “nueva generación” se alzó y se alza a la cabeza de los comités de barrio. Una nueva generación que aprendió muy bien el arte de la “muela” en las escuelas y universidades; pero que necesitaba y quería vivir mejor, mientras no tuviese la oportunidad de irse del país y así, ha surgido una nueva clase.

Ahora la gran mayoría de los presidentes de comités son los “bisneros”, que “comen y dejan comer”, que “tocan” a los “Jefe de Sector” de la Policía que se hacen de la “vista gorda”, contigo, para que tú hagas lo mismo con ellos. Que sí celebran reuniones, y cuando gritan “Socialismo o Muerte”, se les va la carcajada y la cara de burla por la tontería, que ellos no se creen. Gente que han convertido la ideología marxista en un choteo y saben bien que de eso no se come, y saben bien que los demás saben en qué están. De ahí viene la famosa frase, “Yo se que tu sabes que yo se”.

Comités de Defensa de la Revolución donde la presidenta es la mujer del policía. Policía que a su vez avisa a los cederistas de “cómo anda la cosa”, para que no caigan de bobos en un “pitirre en el alambre” y lleven en buen viento sus “bisnes”; y que de paso, le dejen hacer a él sus “cositas”, además de “tocarlo” con una tajadita.

Hoy por hoy, este proceso es irreversible. Ya los “cederistas”, los “cuadros” y presidentes de comités, quieren vestir decente, comer carne, que sus hijos crezcan con ciertos y aún reducidísimos lujos, quieren vivir. Por eso hoy, los peores enemigos de la Revolución pudieran ser los Comités, porque nadie mejor que ellos son los que saben, quiénes aún continúan creyendo en la Revolución. Nadie mejor que ellos saben, cómo se podrían eliminar, en un momento dado. El “monstruo” se está comiendo su propia cola.

Escrito por Carlos Simón

28 Junio 2008 a 15:28

El régimen cubano grabó la vida privada de artistas españoles

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Un ex-agente de Castro revela los métodos utilizados en la isla por la contra inteligencia Llegaron a Cuba en loor de multitudes. Eran famosos en España y también en la isla. Disfrutaron libremente de los placeres tropicales, pero el régimen de Castro les grabó hasta su vida íntima: Marujita Díaz, Jesús Mariñas, Joaquín Sabina, Imanol Arias, Massiel, Antonio Gades, Naomí Campbell, Kate Moss, Jack Nicholson y hasta el Premio Nobel Gabriel García Márquez son algunos de los personajes espiados.

G. Fernández/M.A. Menéndez. Madrid D16, marzo 12, 2001. – Cubanet

Delfín Fernández era un agente del Departamento 11 de la contra inteligencia cubana, cuyo alias era el de Otto. Se encontraba a las órdenes directas del capitán Eduardo Guillén y de un teniente coronel cuyo alias era Raúl. Otto trabajó para ese Departamento durante más de cinco años, pero finalmente decidió evadirse de Cuba. Actualmente se encuentra en España y Diario ha conseguido que hable. Sabe que corre peligro, pero aún así ha revelado uno de los secretos del espionaje cubano: “Cuando los visitantes llegaban a los hoteles Nacional, Meliá Habana o Meliá Cohiba, las habitaciones ya estaban preparadas con los sistemas más sofisticados de grabación”.

En el programa “Tómbola”, que emite Canal Nou, Dinio, el novio cubano de Marujita Díaz, amenazó a Jesús Mariñas con hacer públicas unas fotos en las que, supuestamente, el popular periodista estaba con menores en Cuba. Mariñas interpuso una demanda contra Dinio. Pero lo que probablemente no saben ni Marujita Díaz ni Mariñas es que, durante sus visitas a la isla, ambos fueron controlados y grabados las veinticuatro horas del día por los servicios de la contra inteligencia :”Siempre que determinados famosos visitaban La Habana, hasta el más mínimo de sus movimientos era grabado en audio y vídeo. Las habitaciones estaban preparadas de antemano”.

El Departamento 11 dependía directamente del Ministerio del Interior y entre sus objetivos estaba el control, la vigilancia y el espionaje del sector turístico: agencias de viaje, empresarios de la hostelería y directivos de empresas relacionadas con Cuba.

Según confirma Otto a Diario, los agentes conocían el día y hora en que determinados famosos llegarían a Cuba. Los informes eran remitidos a La Habana por los espías cubanos en España. Así, cuando esas personas entraban en Cuba ya estaba todo preparado para un seguimiento exhaustivo: “Hay determinadas habitaciones que están siempre preparadas. Además de los aparatos de audio y vídeo, un agente se hospeda en la habitación superior, en la de abajo o en las contiguas. Para no levantar sospechas, se elige a una pareja joven o a un matrimonio con niños”.

Otto ha revelado a Diario que “Fidel Castro es un consumidor de escuchas y vídeos, sobre todo de personas de relevancia mundial”. Al parecer, ni sus más íntimos amigos se libran de esta aparente obsesión por el espionaje. Uno de los ejemplos más llamativos es el del Premio Nobel Gabriel García Márquez: “Fidel presume de amistad con García Márquez. Incluso le entregó la casa 6 de protocolo del Consejo de Estado para su uso particular. Pero durante la remodelación del inmueble había mas cables de grabación que de electricidad. Se le grababa todo. Fidel no tiene paz con nadie en ese sentido”.

Esta historia la ha corroborado el escritor disidente cubano Norberto Fuentes, que narra experiencias similares en su libro “Dulces guerreros cubanos”.

Otro de los personajes que tampoco se habría librado de estas prácticas es el bailarín Antonio Gades, pese a su admiración por el régimen castrista. Hombre de la máxima confianza del número dos del régimen, Raúl Castro, Gades goza en Cuba de unas condiciones excepcionales de vida: “Allí disfruta de una casa que le cedió Raúl. La llaman Tropicanita, porque estuvo ligada al dueño de Tropicana. Hoy es una casa de protocolo del Ministerio del Interior para uso de Gades. Se ve a menudo con Fidel y Raúl Castro y con el ministro del Interior, Abelardo Colome Ibarra Furri”.

Gades fijó su residencia en La Habana hace algunos años, en una situación de privilegio: “Con esas condiciones, yo haría como él: bendecir el régimen; pero le reto a que vaya a vivir como un cubano normal. Tiene acceso a divisas, dos coches para su uso y siete personas a su servicio”.

Juan Manuel Pardo, un cubano de avanzada edad, es la persona encargada de atender al bailarín español. Pero también Pardo ejerce la misma actividad que Otto: vigilancia las veinticuatro horas del día. “Está a su entera disposición y es, además, vicepresidente del Instituto Cubano de la Industria Cinematográfica y productor de películas”.

El régimen cubano tiene establecido lo que en argot interno se denomina “código especial”:a todo personaje de categoría y con influencia que visite la isla se le somete a estrecha vigilancia. “Cuba se alimenta de eso”, asegura Delfín Fernández, “el régimen vive de estas actividades”.

El hotel Nacional se ha convertido en uno de los centros neurálgicos para las operaciones de la contra inteligencia cubana, integrado en el llamado Departamento 11. En muchos casos, los agentes lograban convencer a los visitantes famosos para que se alojaran en ese hotel: “Allí era donde más incidencias registrábamos. Muchos de los españoles que visitan Cuba, además de los que tienen fijada allí su residencia, están sometidos a ese régimen de vigilancia permanente sin que lo sepan”.

El actor Imanol Arias fue uno de los espiados por el régimen castrista, según Otto: “En una de sus visitas a Cuba se le concedió un permiso de residencia especial para que contribuyera a estrechar los lazos de colaboración cultural. Su habitación en el hotel Nacional estaba pinchada”.

Otro de los sometidos a un estrecho seguimiento fue el polémico periodista del corazón Jesús Mariñas: “Él siempre se hospedaba en el Sol Meliá, en el Meliá Cohiba o en el Meliá Habana. Yo no le espié directamente, pero mis compañeros del Departamento 11 me pedían informaciones sobre él porque sabían de mis contactos con España y de mis relaciones con destacados empresarios españoles”.

Los cantantes Massiel y Joaquín Sabina también fueron sometidos a una estrecha vigilancia: “Se hospedaron en distintas ocasiones en el hotel Nacional y todo personaje de relevancia que se alojara allí era espiado. En estos dos casos me consta fehacientemente que los grabaron, porque yo era íntimo amigo de un funcionario del Departamento 3, el grupo que se encargaba de todo lo que tuviera que ver con el mundo del espectáculo. Casualmente, el hotel Nacional está situado enfrente de la sede de los Departamentos 3 y 4, en una esquina entre las calles 19 y O”.

Otto afirma que las grabaciones efectuadas tanto a Massiel como a Marujita Díaz provocaron todo tipo de comentarios entre los miembros del servicio del contra espionaje castrista. “Esas señoras me parece que se merecen un respeto que no ha tenido el régimen cubano con ellas. Las escenas de “Gran Hermano” no son nada en comparación con las imágenes que se han grabado de muchos famosos españoles”.

“Igual cuando se publique esta información, todas las cintas desaparecen”, aventura el ex- agente Otto, “porque estos materiales los controla directamente la fílmica del Ministerio del Interior, así como la técnica operativa secreta, aunque en algunos casos pasan a los archivos de la central del departamento 10 y otros se trasladan a la videoteca personal que tiene Fidel Castro”.

También los ciudadanos americanos son objetivo prioritario de la contra inteligencia cubana. El caso más llamativo fue el de la modelo Naomi Campbell. Llegó a Cuba acompañada de la también modelo Kate Moss. La orden era rutinaria: vigilancia las veinticuatro horas del día. Pero la alerta máxima se decretó cuando cundió el rumor de que compartiría habitación con el actor Leonardo Di Caprio.

Fue una visita muy polémica, según el relato de Otto: “Naomi se hospedó en la suite presidencial del Hotel Nacional, una habitación que ha sido ocupada, entre otros, por destacados dirigentes de Palestina, Líbano y príncipes de varios países durante sus visitas privadas. El rumor de que ambos compartirían la suite se extendió como la pólvora y se instalaron todos los dispositivos de vigilancia. Al final, todo quedó en un rumor”.

El actor Jack Nicholson fue otro de los personajes fuertemente vigilados durante sus estancias en el hotel Meliá Cohiba.

El hecho de que algunos hoteles sean de titularidad española no da inmunidad para no ser espiado. “Los dueños de un hotel, que comparten la titularidad al 50 por ciento con el Gobierno cubano, tienen que acatar la directiva que marca el Departamento 11 a través del oficial del G2 que se encuentra destinado en ese hotel. Ellos saben perfectamente qué es lo que hace el G2, y tienen la obligación de colaborar con ellos. En las empresas mixtas, los directores cubanos del hotel son o han sido agentes de estos departamentos. En el caso del Meliá Cohiba, el director, de apellido Pardo, llevaba casi 20 años en la contra inteligencia. Fue Jefe de Seguridad de Marina Hemingway, lo trasladaron como jefe de seguridad del Cohiba y recientemente lo ascendieron a director por la parte cubana”.

Diario ha intentado, sin éxito, recabar la opinión de la Embajada de Cuba en España. Los servicios diplomáticos cubanos sólo respondieron a una primera toma de contacto en la primera llamada, sin que fuera posible volver a comunicar con ellos.

©Copyright Ediciones Periodísticas S.L. Capitán Haya 1, Madrid (España)

Escrito por Carlos Simón

27 Junio 2008 a 16:29

Hay 30 mil cederristas cubanos en Venezuela

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Hay 30 mil cederristas cubanos en Venezuela

MARÍA LILIBETH DA CORTE | EL UNIVERSAL

El presidente de los Comités de Defensa de la Revolución cubana (CDR), Juan José Ravilero, aseguró que “en Venezuela hay más de 30 mil de cederristas cubanos de los 8 millones 600 mil miembros que tiene nuestra organización”. “Les aseguro que todos somos chavistas igual que fidelistas”, agregó Ravilero, al saludar, a petición del presidente Hugo Chávez, a los presentes en la inauguración de los laboratorios municipales de bioinsumos para la salud agrícola integral Cipriano Castro, en Pueblo Hondo, municipio Jáuregui, estado Táchira.

El funcionario cubano auguró que la revolución que encabeza Chávez “será indestructible, porque será eterna, porque las ideas de Chávez se eternizarán, porque son las de Miranda Bolívar y Martí. Igual que en Cuba, se eternizarán las ideas de nuestro invencible Castro”.

El presidente del Parlamento cubano, Ricardo Alarcón, también saludó a los presentes, entre ellos, el actor estadounidense Sean Penn. Luego, Chávez le habló a su homólogo Fidel Castro. “Sabemos que nos está viendo, vaya nuestro corazón padre nuestro. Como le cantó Neruda a Bolívar, yo le canto a nombre de los pueblos de América Latina a Fidel. Padre nuestro que está en la tierra, en el agua y en el aire. Todo lleva tu nombre Fidel en esta inmensa latitud, se te quiere, cómo te queremos”.

Antes de darle la palabra a Alarcón, Chávez destacó que “hoy venezolanos y cubanos somos la misma nación. La unión nos ha hecho más fuerte” y desmintió que esté regalando petróleo a la isla, como aseguran “los lacayos del imperio”.

“Si alguien se pone a sacar la cuenta desde el punto de vista monetario, de qué vale más monetariamente hablando, si el petróleo que enviamos a Cuba, cantidades muy modestas en comparación con el que enviamos a Estados Unidos y hemos enviado durante casi 100 años, muchas veces regalado. Cuba paga ese petróleo con creces, con todo este apoyo técnico, financiero, científico, médico, medicamentos, equipos médicos, eso vale más, eso vale mucho más que el modesto petróleo que mandamos a la Cuba socialista y revolucionaria”, argumentó.

Reforma en cuenta gota

Tal como lo prometió, Chávez ha ido explicando en sus discursos los alcances de su proyecto de reforma constitucional.
“Otra idea que tengo es crear provincias federales”, soltó, para luego citar como ejemplo la unión de los estados andinos, “en una región o provincia federal”, para la cual “hay que nombrar un vicepresidente, pero no que viva en Caracas, a lo mejor que viva en La Grita”.

Esta figura -dijo- debe tener enlace directo con el Presidente, trabajar conjuntamente con los gobernadores y tener contacto diario con el pueblo.
Aclaró que no eliminará gobernaciones y alcaldías como han dicho los detractores de la reforma constitucional. “Para nada, se trata de una visión revolucionaria de la geografía”.

“Estamos en la parte noroeste del Táchira (…) en las cumbres de los Andes. Esta zona pudiera (…) Sin romper la unidad del Táchira ni del municipio Jáuregui, ni la unidad político administrativa de Mérida ni de Trujillo, pudiera crearse aquí lo que se me ha ocurrido llamar una zona federal especial para el desarrollo”, señaló Chávez.

Escrito por Carlos Simón

20 Junio 2008 a 22:45

Las Cabañitas: un infierno cubano

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Las Cabañitas: un infierno cubano
por GERARDO REYES
El Nuevo Herald

Lunes 9 de enero 2006

A Nelson Rodríguez Diéguez le ofrecieron sus verdugos la posibilidad de rezar un Padrenuestro antes de morir ahorcado con una soga al cuello.

”Si crees en Dios, en ése que tú crees, reza para que te salves”, recuerda que le dijo uno de los guardias.

El agente de Seguridad del Estado comenzó dos veces la oración para que la víctima lo secundara, pero Rodríguez decidió adelantar su muerte y se lanzó de la silla a la que lo habían subido desnudo con un capuchón en la cabeza.

El prisionero político de 22 años cayó en el piso y supo que estaba vivo porque en el golpe se arrancó de raíz una uña del pie y escuchó las carcajadas de los guardias. La soga no había sido atada en el otro extremo.

”Me zumbé porque yo sabía que si me tiraba me mataba de un viaje”, explicó Rodríguez. “Yo me tiré para ahorcarme rápido, me caí y se me cayó una uña. Me sacaron, yo iba regando sangre. Uno no piensa nada cuando lo van a matar, uno queda en blanco”.

La broma siniestra, al mejor estilo de la prisión iraquí de Abu Ghraib, según Rodríguez, ocurrió en Cuba en 1962 y fue sólo uno de varios sistemas que la inteligencia cubana utilizaba para doblegar emocionalmente a los enemigos de la revolución naciente.

Durante 120 días, Rodríguez fue uno de los inquilinos forzados de Las Cabañitas, o el Punto X, como se conocía una casona de campo situada probablemente a unos 10 kilómetros de La Habana que fue convertida por la Seguridad del Estado en una industriosa estación de violentos interrogatorios.

Cada habitación, cada cochiquera, cada caballeriza, el sótano, la piscina y hasta el aljibe, toda la hacienda que un día perteneció a una familia acomodada, fue transformada en una prisión de reblandecimiento psicológico y sistemático de los detenidos, explicaron a El Nuevo Herald algunos de los que estuvieron detenidos allí.

Lo que ocurrió en este lugar, según ellos, es un episodio olvidado de la historia tantas veces descreída e ignorada de la tortura en Cuba en los albores del triunfo de la revolución.

La tortura en la isla era refinadamente psicológica, invisible, aunque su secuela de turbación es similar a cualquier descarga eléctrica, dijeron.

”Era tortura sin sangre”, explicó Enrique Cepero, odontólogo de Miami, quien fue interrogado en este lugar acusado de recibir armas de Estados Unidos para el Movimiento de Recuperación Revolucionario (MRR).

Algunos de los prisioneros narraron cómo fueron sometidos a otras ejecuciones falsas y a un régimen de frío, hambre y terror en el que perdieron la noción del tiempo. Sus interrogadores buscaban desesperadamente los nombres de los compañeros de conspiración y las conexiones con la Agencia Central de Inteligencia (CIA), patrocinadora de algunas de sus operaciones.

Otro de los peores momentos de su estadía en Las Cabañitas, recordó Rodríguez, fue el día en que a los guardias se les ocurrió descolgarlo con un soga hacia la profundidad del aljibe de la finca con la advertencia de que en el fondo había un pozo de pirañas.

La angustia, explicó, no sólo era lo que podría encontrar al final, sino que a mitad del recorrido se quedó sin aire. A los pocos minutos, cuando temían que podría desfallecer, los guardias lo halaron a la boca del aljibe.

Durante sus 47 años en el poder, Fidel Castro ha insistido en que en Cuba jamás ha habido una sola víctima de tortura y ha retado al mundo a que encuentre la más mínima evidencia del fenómeno. En diciembre del 2004, ordenó instalar una enorme valla frente a la Sección de Intereses de Estados Unidos en La Habana con fotografías de las torturas en Abu Ghraib y la palabra ”Fascistas” en un extremo.

”¿Quién de nosotros, quién de ustedes, cuál de nuestros compatriotas admitiría tranquilamente la historia de un solo ciudadano torturado, a pesar de los miles de actos de barbarie y de terrorismo cometidos contra nuestro pueblo?”, preguntó Castro en noviembre del año pasado en la celebración del 60mo. aniversario de su ingreso a la Universidad de La Habana.

La respuesta está a este lado del mar Caribe. Los cubanos entrevistados consideran que el tratamiento que recibieron en las prisiones cubanas fue mucho más brutal y despiadado que el régimen de Abu Ghraib.

”Ojalá me hubieran torturado como a los presos de Abu Ghraib poniéndome un blumer en la cabeza”, comentó Laureano Pequeño, otro de los presos de Las Cabañitas.

De un promedio de 65 años, los ex prisioneros son parte de una generación de universitarios que lucharon contra la dictadura de Fulgencio Batista y años más tarde, desilusionados con Castro, decidieron conspirar contra el régimen.

Casi todos eran muchachos ”bitongos” — de familias acomodadas — inmaduros políticamente pero con una gran sensibilidad ante la injusticia.

A finales de 1961, el grupo fue infiltrado. Uno por uno cayó arrestado. Después de cumplir de 10 a 15 años de prisión, y gracias a un acercamiento con el gobierno de Castro promovido por el presidente Jimmy Carter, varios salieron hacia Estados Unidos donde creen que viven también quienes los delataron.

Los ex prisioneros, pertenecientes al Directorio Estudiantil Revolucionario (DER) y al Movimiento 30 de Noviembre, relataron a El Nuevo Herald, paso a paso, el procedimiento al que fueron sometidos por lo menos 45 de su grupo en Las Cabañitas, cuando la revolución no tenía más de tres años.

El viaje comenzaba generalmente en Quinta y Catorce, entonces sede de la Seguridad del Estado (G2), en La Habana, donde eran puestos en un jeep con los pies de sus captores sobre la espalda, bocabajo, y los ojos vendados.

En el camino los guardias se encargaban de recordarles que casi nadie regresaba vivo de Las Cabañitas.

Alrededor de 20 minutos más tarde llegaban a una casa intermedia de una zona semirrural, de donde eran transferidos a un camión de la Lechería Punta Brava o a una furgoneta que finalmente los transportaba al Punto X. Cuatro décadas después, para algunos de lo prisioneros el tintineo de las cantinas de leche cuando golpeaban unas con otras por el camino hacia la finca, suena hoy a campanazos de sepelio.

Nadie sabe a ciencia cierta dónde estaba situado el lugar. Podría ser en algún paraje del municipio de Wajay, a unas 10 millas de La Habana, cree Juan Valdés de Armas, ex miembro del ejecutivo del DER interrogado en Las Cabañitas.

Algunos de ellos coinciden en que muy cerca pasaba un ferrocarril, quizás el que llevaba caña al Central Toledo. Valdés cree saber dónde estaba la finca porque un día, ya libre, tuvo que pintarla, y Cepero sospecha de su ubicación porque varias veces desde su celda escuchó el claxon con notas musicales de un jeep de un amigo que tenía una hacienda en la zona.

Al llegar los desnudaban — aunque a algunos los dejaban en calzoncillos o les entregaban un overall — y los confinaban a los cuartos de la hacienda, incluyendo un par de construcciones situadas frente a la piscina y llamadas ”las burguesitas” por los guardias.

En Las Cabañitas, cuyo diminutivo siempre les pareció un chiste cruel, los esperaba un equipo de interrogadores y dos perros rabiosos. Uno de los perros se llamaba Atila y a uno de los interrogadores le decían Venturita, en memoria de uno de los más sanguinarios torturadores del régimen de Fulgencio Batista.

”La luz del bombillo de la habitación jamás era apagada”, recuerda Raoul Cay Gispert, quien estuvo preso en el lugar con su padre, Raoul Cay Hernández.

”Tenías que dormir desnudo sobre un piso mojado, que alguien mojaba porque el agua no caía del techo” agregó.

Cay Gispert, quien militaba en el ejecutivo del DER, explicó que a los pocos días de llegar al lugar se perdía la noción del tiempo. Las ventanas estaban cubiertas con láminas de madera y las comidas eran servidas en horarios imposibles de prever.

”Un día te daban el desayuno y una hora después el almuerzo y a las tres la comida, y al día siguiente te daban sólo una comida” explicó Cay Gispert. “Cada comida cabía en el cuenco de la mano”.

Según el dentista Cepero, no eran más de 700 calorías al día, lo mínimo para sobrevivir.

Cay Gispert fue un entusiasta defensor de la revolución de Castro. Al lado de sus mejores amigos, los hermanos gemelos Tony y Patricio de la Guardia, este último oficial del G2, conoció a los grandes líderes del gobierno revolucionario y sacó provecho de un cómodo empleo como inspector del ayuntamiento de La Habana. Cay Gispert, entrenador de remo, vivía en la misma casa con los gemelos.

Pero un día los ideales se le derrumbaron, relata. Un ahijado de su padre, quien había sido ”casquito” [soldado] de Batista le mostró las marcas que le dejaron en el cuello ”gente de la Seguridad” con un soga que le pusieron para levantarlo poco a poco hasta dejarlo al borde de la asfixia en un procedimiento que repitieron varias veces.

”Yo no podía creer eso. El hombre nuevo de la revolución no tortura”, dijo.

Otras injusticias lo convencieron para empezar a conspirar en 1961 con el DER.

El salón de interrogatorios de Las Cabañitas estaba en el segundo piso de la construcción. Desnudo, frente a la pared y al lado de una camilla de enfermería, el preso era sometido a largos interrogatorios hechos por personas que parecían tener entrenamiento en el oficio.

Rodríguez, quien militaba en el Movimiento 30 de Noviembre, sostiene que en ese lugar le pusieron bloques de hielo en la espalda y lo interrogaban con los brazos hacia arriba.

”Un día perdí el conocimiento, caí de frente al piso porque no resistía más estar con los brazos arriba ni más interrogatorios”, dijo Rodríguez.

En el sótano de la finca, cuyo piso estaba inundado, los guardias instalaron un poderoso aire acondicionado. El lugar alcanzaba temperaturas de congelamiento. Allí fueron enviados varios prisioneros.

”Fue tal vez lo peor para mí”, dijo uno de los ex presos que pidió no ser identificado. “En el punto en el que ya me privaba por el frío, apagaban el aparato y cuando ya recuperaba la conciencia volvían a prenderlo”.

Pequeño tuvo una experiencia similar.

Cuando los interrogadores perdían la paciencia por el silencio del detenido, afirma Cepero, ’sacaban sus pistolas `estrellas rojas’, que eran las que le daban a los oficiales de más alta graduación y te la ponían al frente y gritaban que te iban a matar ahí”.

A menudo las latas que les entregaban para orinar no eran suficientes y los presos debían orinar en el piso de la celda sobre el cual tenían que dormir. A defecar los llevaban encapuchados. En el trayecto era común que los guardias gritaran repentinamente que los perros estaban allí sueltos y podían atacar.

”Y uno desnudo, con la cabeza cubierta, se detenía, quedaba congelado mientras sentía a los perros gruñendo y respirándole por las costillas”, relató Pequeño.

”Yo te digo que las torturas más horrorosas que tú te puedes imaginar son las que hicieron ellos y sin embargo no te dieron ni un puñetazo ni un trancazo con un palo”, agregó Rodríguez.

“A usted lo tienen en un lugar así, desnudo permanentemente y durmiendo sobre un piso húmedo, más de 50 días. Era piso pelado, tienes sed permanentemente, tienes hambre, tienes frío permanentemente y te interrogan día y noche, y te hacen simulacros de muerte. ¿Quieres más tortura que eso?”

Escrito por Carlos Simón

15 Junio 2008 a 0:20

FOTO- Caracas amaneció llena de sapos

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Foto: El UniversalCaracas amaneció llena de sapos
Retiraron las figuras funcionarios policiales y de las alcaldías

10 de junio de 2008
EL UNIVERSAL
http://www.eluniversal.com/2008/06/10/pol_art_caracas-amanecio-lle_898016.shtml

Como una protesta más en contra del Decreto Ley del Sistema de Inteligencia y Contrainteligencia sancionado por el Ejecutivo en el marco de la Habilitante, Caracas amaneció ayer llena de sapos y graffitis rechazando la norma.

Los batracios, dibujados con boinas y lenguas rojas, aluden a la calificación de “Ley Sapo” que desde diversos sectores políticos y civiles se ha dado al mencionado instrumento legal por considerar que en él se propone el espionaje ciudadano.

Desde la madrugada las autopistas Francisco Fajardo y Prados del Este; las avenidas Libertador, Rómulo Gallegos, Francisco de Miranda, Principal de El Cafetal, Río de Janeiro, Bolívar y la Cota Mil, entre otros muchos lugares, se vieron colmados de sapos que pronto fueron retirados por funcionarios policiales y de las diferentes alcaldías.

La de los sapos no es la primera manifestación de este tipo realizada en Caracas. Tras la decisión del Presidente de sacar del aire a RCTV, televisores encadenados aparecieron en Caracas y a un mes de efectuado el cierre las estatuas de la ciudad aparecieron amordazadas y rodeadas de cadenas. La inseguridad también fue objeto de protesta con calaveras y muñecos ahorcados.

Escrito por Carlos Simón

12 Junio 2008 a 14:41

Escrito en Politica, actualidad, fotos

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Agustín Blanco Muñoz – Los sapotriotas

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Opinión
Agustín Blanco Muñoz
ND / Últimas Noticias

Los sapotriotas

No es una inteligencia y contrainteligencia dictatorial, autoritaria, represiva, totalitaria y digna del fascismo. Es la mejor demostración de un socialismo fracasado que aquí se pretende implantar.

Por eso nos toca transitar por los grandes calvarios. Así como los medios de producción pasarán a manos de la sociedad para un disfrute colectivo, de igual manera habrá que entender que todos los beneficiados están obligados a velar por la seguridad y defensa de la patria.

Por ello se impone comprometer a la sociedad venezolana a que salga a defender “su revolución”. Que cada uno de nosotros denigre de sí mismo y tenga la capacidad y el empuje para llevar el mensaje a los demás.

Todos debemos convertirnos en delatores, sapos, esbirros, soplones, colaboradores para garantizar nuestra propia sobrevivencia y la de la patria “socialista”.

Porque ya no estamos en la Venezuela de Bolívar, Sucre y Páez sino en la de Hugo, Chacín y José Vicente, que por socialista reclama el aporte de toda la población convertida en sapotriota.

Y pobre de quien no atienda al llamado. Porque hay que entender, como recuerda el actual director de la Disip (VTV, 04/06/0Cool que en todos los sistemas del mundo “la inteligencia se maneja con agentes y colaboradores”. Y alude a la información que recibe del cuerpo de los infiltrados en las candidaturas opositoras sobre “todos los que caminan” y lo que hacen, por ejemplo, en Petare.

Ahora con la ley se trabajará para lograr que toda la militancia cumpla la función de funcionario policial. Se romperá así la separación o dicotomía entre militante revolucionario y policía.

Queda claro que del otro lado está el enemigo del proceso. Es la polarización mayor y la guerra cada vez más abierta. Cada quien debe escoger entre la tranquilidad y la zozobra, el miedo, la angustia permanentes.

En 2000 el rechazado proyecto Otaiza de la sapoley pasó al congelador. Y ahora se activa para profundizar la revolución y someter a quien se aparte y sume fuerzas contra el sentir socialista y revolucionario.

Y esta posición se asume por encima de la llamada derrota del 2D y en atención al triunfo del “socialismo” en las presidenciales del 2006. Mientras, “las oposiciones oficialistas” de los pactos y negociaciones cumplen con la “misión revolución”. ¡Sancho, el hombre nuevo de la “revolución” es un sapotriota!

Escrito por Carlos Simón

10 Junio 2008 a 21:27

Partido de Sapos Unidos de Venezuela (PSUV)

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Con la entrada en vigencia de la batracia y bruta ley de inteligencia y contrainteligencia el Psuv cambiará de denominación. Ahora como Venezuela es de sapos hará cambios en su estructura partidista: Dirección sapolítica nacional, batallones batracios, sapolitantes, sapodirigentes nacionales..

Escrito por Carlos Simón

6 Junio 2008 a 23:03