Miguel Salazar: En Europa Chávez es percibido como un dictador
ND.- En su comentario de este viernes 06 de noviembre, el editor Miguel Salazar cuenta de un reciente viaje a Europa donde se percató que CHávez es percibido como un dictador.
“Muchos inicialmente incrédulos (aunque dejando entrever su admiración por la desafiante posición de Chávez frente a Estados Unidos) terminaron haciendo no sólo la pregunta que esperábamos, sino que de de antemano tenían su propia respuesta: “¿Es Chávez un dictador?”… sí, es un dictador.”
A continuación el Comentario de la Semana del Editor Miguel Salazar:
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¿Cómo se percibe a Chávez en Europa? En un periplo que nos ha llevado por varios países del viejo continente, hemos palpado la opinión generalizada del ciudadano común según la cual Chávez es un dictador. Por estos confines, creado o no por el enrevesado mediático, existe un firme criterio de opinión pública acerca del carácter dictatorial del Gobierno presidido por Chávez. Suponía que sería difícil indagar qué se piensa acerca del mandatario venezolano, sobre todo entre estos pueblos que no muestran ningún interés por lo que ocurre al otro lado del Atlántico; no obstante, me sorprendí al percatarme de que Chávez es el venezolano de todos los tiempos más mencionado en Europa, inclusive es de obligada referencia cuando se habla de la problemática latinoamericana. Por acá, decir Venezuela es de inmediato relacionarnos con Chávez; irónicamente, es gasolina barata, es petróleo. Muchos inicialmente incrédulos (aunque dejando entrever su admiración por la desafiante posición de Chávez frente a Estados Unidos) terminaron haciendo no sólo la pregunta que esperábamos, sino que de de antemano tenían su propia respuesta: “¿Es Chávez un dictador?”… sí, es un dictador. Así fue en Londres y en París, también en Berlín. Sobre todo ahora en el marco del vigésimo aniversario de la caída del muro de Berlín y la reunificación de alemania. Allá estiman que Chávez es un dictador que pretende transitar el camino del socialismo real, frase cuya sola alusión provoca rechazo entre los berlineses. Más con el fracaso evidenciado al desmoronarse el sistema soviético. ¿Cómo creer en las bonanzas de un sistema que terminó con sus líderes convertidos en oligarcas o miembros de la temida mafia rusa? Hoy las mujeres del socialismo practicado en la Europa Oriental hasta no hace poco, son de las más apetecidas en los burdeles de Europa. ¿Qué pudo haber pasado para que el sueño socialista terminara en el falso candor de los lenocinios europeos? ¿Por qué se relaciona a Chávez con una dictadura cuando se conoce su decisión de llevar adelante el socialismo real? No es verdad que Europa esté rendida ante Chávez como si este se tratara de un encantador de serpientes. La comunicación del Gobierno venezolano pretende hacernos creer que Chávez es adorado por los pueblos europeos porque sus expertos, en un alarde de estúpida ingenuidad, se encargan de movilizar a grupos que aplauden a nuestro jefe de Estado tan pronto desciende del avión. Entre la tonalidad de ruidos del canal oficial y las banderas enfocadas, nos hacen creer y así le hacen ver al propio Chávez que su popularidad es mítica, resultando apenas una verdad de opereta bufa. Es imposible que el discurso revolucionario de Chávez lo sea al oído de una masa de ciudadanos atenidos a las bondades del capitalismo que les garantiza sobrevivir dignamente en épocas de paro forzoso como la que ahora vive Europa. Así es en Inglaterra (cuna del capitalismo en la que Marx advirtió la primera experiencia del socialismo en su obra El Capital), el país donde hoy convergen en oleadas jóvenes provenientes de países gobernados por tiranos; es precisamente en Inglaterra donde ellos encuentran una respuesta social. Ya habrá por allí más de un obcecado que me echará en cara mi defensa del capitalismo. Nada más falso, todo lo contrario, simplemente estoy buscando respuesta al fracaso del sueño socialista. Me dolió en el alma ir a La Habana a comienzos de año y ver los rostros de los más viejos con la mirada perdida entre las calles de hilillos de aguas putrefactas. Pensé que había una esperanza cuando Raúl Castro habló de no echarle al bloqueo criminal la responsabilidad total de la apatía del cubano frente al trabajo. En Lisboa supe del fin de la Revolución de los Claveles, de cómo Portugal se vio en sólo cuestión de meses, como el sueño de centenares de miles de africanos que escaparon a las guerras donde privaron los intereses de la Guerra Fría (la confrontación entre Estados Unidos y la URSS). En el orden que impera en Alemania, o en el propio Portugal de hoy día no se puede hablar de un problema cultural, porque precisamente en las metrópolis convergen los más diversos caracteres que terminan por aceptar la norma como garantía de supervivencia. “La disciplina que te impones es la medida de tu libertad”, la frase corresponde a un economista gandhiano llamado Kirit Parikh. ¿Cómo es entonces que sin conocerlo, con su comportamiento habitual millones de transeúntes que se desplazan por las calles de las urbes europeas coincidan con Parikh? Ante todas estas interrogantes vale preguntarse por qué la desconfianza por Chávez en estas latitudes. ¿Qué diferencias hay entre nosotros que nos dejamos deslumbrar por la idea de más nacionalismo en las escuelas y los vascos quienes, al contrario, están de vuelta extirpando las consignas patrioteras de sus pensas? ¿Por qué quienes han vivido la experiencia del desorden ocasionado por las ocupaciones relacionan a Chávez con ese fenómeno? ¿Por qué le hacemos un altar al carisma y nos inclinamos por el “sabelotodo” que puede darnos desde una clase de cómo lanzar una pelota de nudillos, hasta cómo ahorrar luz o agua? ¿Por qué el rechazo de los venezolanos por la norma, sobre todo cuando es tan sencillo ponerse de acuerdo en no botar basura? ¿Por qué nuestra Caracas ocupada y asediada como lo está ahora parece haber tirado la toalla? ¿Qué pasó con el sueño revolucionario? ¿No es suficiente acaso ver a las multitudes correr ansiosas tras el paso de la caravana presidencial para entender la razón de la alienación de nuestros pueblos? ¿Por qué la tiranía se asocia a la perpetuidad del líder en el poder? Si comprendemos la respuesta llegaremos a una desalentadora conclusión: ganar elecciones a diestra y siniestra no es la patente de corso que nos hace democráticos. |


